Louis Vuitton Factory, un viaje inolvidable

Aunque me declare desde pequeña,  fiel amante de Louis Vuitton, solo hasta haber conocido su proceso de producción, le atribuyo el valor que realmente merece esta marca de lujo. 

Una cartera, tan imponente y tradicional como la Neverfull o tan moderna y arriesgada como la Bleecker Box,tarda 12 semanas en volverse real, tangible.

Todo empieza con un dibujo aprobado que reciben en planta para empezar el mágico proceso de ser convertido en accesorio, eso sí, nada es por arte de magia, o tan fancy y soft como verlo exhibido, detrás hay un trabajo arduo, lleno de presión, concentración y convicción para lograr la calidad requerida.

La estrategia detrás de su éxito se encuentra en la sinergia, exactitud, excelencia y trabajo en equipo de sus creativos; las carteras pasan de mano a mano de quienes cosen y cada uno agrega un detalle y va puliendo el modelo. 

¿Qué me deja esta experiencia? 

-Una total admiración por este trabajo tan manual y perfecto que realizan, en su mayoría mujeres.

-El estricto control de calidad que tiene cada una de sus piezas, un trabajo 100% humano–hecho, monitoreado, supervisado y aprobado por personas con un alto conocimiento y experiencia–.

-La certeza de que es un trabajo handmade, pero que prevé hasta el más mínimo detalle para que esa Cannes que reciben en Estados Unidos, sea la misma que se exhibe en una tienda europea.

-Su capacidad para renovarse como marca, sin perder el diferencial, la exclusividad y clase. 

En resumen, fue un día de ensueño que me queda guardado en la memoria y en este texto que quise compartirles. La experiencia Louis Vuitton Factory, literalmente, ha sido un viaje del que no hubiera querido regresar. ¡Gracias LVMH por la oportunidad!

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